viernes, 2 de diciembre de 2016

"EL PUENTE DE LAURA" III




"EL PUENTE DE LAURA" 
III




La vida te pone grandes pruebas, continuó, a veces pruebas duras, a veces pruebas tentadoras.

Ya llevaba bastantes años allí, cuando en uno de mis viajes de regreso a España, me contactó mi enamorado. 
Había localizado a mis familiares y al regresar, estos,  me dijeron que necesitaba hablar conmigo. 

Su vida, había sido tranquila, se casó y fue feliz al lado de su esposa. No tuvieron hijos  y desgraciadamente ella falleció. 
Ya estando sólo enfermó, no grave, pero sí para recibir cuidados.
Me buscaba porque quería que fuese yo quien le cuidase. 
En realidad tenía la necesidad de sentirse cómodo al lado de quien estuviera pendiente de sus cuidados diarios.
De nuevo me ví obligada a valorar qué debía hacer. Era la misma prueba del pasado que se repetía. Me tomé  un par de días para pensarlo y finalmente accedí a sus cuidados.
En ese tiempo retomamos conversaciones, sonrisas, vivencias del pasado. 
Pasaban los días y yo me sentía más cómoda, pero eso me incomodaba aún más.
El estaba feliz y yo en realidad también, pero no podía seguir acomodándome a una situación que no era mi camino por destino. 
A mi vida estaba llamando la tentación  y yo me resistía. 

En los ojos de Laura había un brillo muy especial durante ésta parte de la historia, era como si hubiera deseado poder vivir dos vidas en una. Su amor por ese hombre era de los bellos, de los que se desean, era amor de verdad... pensé lo mal que lo debía haber pasado al tomar decisiones tan duras en su vida, y sin embargo todas ellas las contaba desde el amor. 
En Laura se veía el camino, Laura hacía entender que lo que pasó era lo único que podía haber sucedido. Ella lo trasmitía así, Ella era tan especial¡¡¡¡

Por un momento parecía haber dejado de escucharla mientras analizaba sus gestos y la observaba y nuevamente empecé a escuchar su historia....
.... y decidí volver de nuevo a mi África, porque allí todavía no había concluído mi labor. No podía hacerle daño, no podía herirle más, debía evitar situaciones difíciles de gestionar para mi. 
Me despedí de él,... jamás volvimos a vernos, nos escribíamos, sus cartas para mi durante años han sido un soplo de vida. Me hacían sentirme niña, la niña que se enamoró de un príncipe con el que jamás se casó. En realidad le amaba, pero mi decisión fue la correcta, pues sé que durante estos años he hecho lo que debía hacer.

A Laura se la cambió de repente la cara y por primera vez la vi seria. 
Allí ví muchas cosas que me no me hubiera gustado ver. 
He visto como muchas personas se hacían grandes mansiones con el dinero donado que no llegaba a quienes lo necesitan. Vi personas religiosas olvidarse del Padre y de sus actos, volviéndose egoístas y dejando de hacer lo correcto para convertirse en corruptos. Ahora ya puedo hablar, dijo.
Siempre me ha entristecido eso, pues es difícil de combatir y muchos intentan tapar la boca. Pero creo en DIOS

En ese momento recuerdo haberla hecho una pregunta: 
Laura, dije, ¿puedo preguntarte algo?, ella me respondió, por supuesto y seguidamente lancé mi pregunta... 

"¿Qué se puede hacer cuando uno cree no poder hacer nada?"

Me sorprendió nuevamente, no hizo ninguna pregunta para aclarar la mía. No me cuestionó, directamente continúo enseñándome...
... mira Charo, allí vivimos en la selva. El lugar donde yo estaba por destino, y contenta, pues es el lugar más bello que jamás yo he pisado, estaba en guerra. Fueron tiempos muy difíciles, diariamente había mucha crueldad.

A pesar de que mi labor se puede pensar que no era cansada, en realidad no siempre era tan bonita como parece ser. En algunos momentos me gustaba recluirme y mirar un poco dentro de mi. 
Para eso solía irme sola a pasear... a evadirme, a buscarme. Mi lugar preferido era un río cercano fronterizo a los dos países en conflicto. 
Solía ir a menudo, pues allí se respiraba mucha paz y los atardeceres eran los más bellos que mis ojos han visto.
A menudo me regañaban los nativos, pues decían que no era un lugar seguro, al atardecer era el momento en que todos los animales salvajes iban a beber y también el momento en que aprovechaban algunos guerrilleros para hacer lo mismo.
La verdad, tengo la sensación de no haber estado en el mismo lugar que me decían, pues se empeñaban en que dejara de hacerlo y yo en cambio jamás sentí miedo, ni siquiera tuve momentos de peligro. Sé que allí estaba Dios.

Mi labor la desempeñaba en varios poblados y para ir de uno a otro teníamos pocos recursos. Había un jeep y una motillo. El jeep era más nuevo y más seguro, pero solía dejarlo libre y no pedir el favor de que me llevaran y trajeran, pues se necesitaba para trasnportar alimentos y comida. Por ese motivo solía ir yo sola en la motillo. Jejejeje, reía. Tendrías que verla, no recuerdo ni la marca, sus ruedas eran como de bicicleta. Me encantaba, era más antigua que yo. Me daba libertad y ya había aprendido a arreglarla yo misma, claro que tampoco tenía mucho para hacer.

Un día, desplazándome de un poblado a otro, por la selva, claro, porque allí no había carreteras, sólo caminos de tierra, la moto se me estropeó. 
Al principio bajé de la moto tranquila, con la esperanza de poderla arreglar, la estuve mirando todos los recovecos que tenía e intentaba arrancarla nuevamente. Otras veces lo había conseguido fácilmente, pero ésta vez se me resistía.

Bajaba de la moto, tocaba cableado, piezas... e intentaba de nuevo arrancar. Así una y otra vez. No voy a mentir, empecé a sentir miedo. El día se estaba yendo y empezaba a caer la tarde. Llevaba allí bastante tiempo y no veía cómo poder salir. 
En ese momento empecé a hablar con el Padre: Por favor, Dios mío, necesito que me arranques la moto, sabes que tengo que llegar al poblado. Aquí no puedes dejarme, no es un lugar seguro, estoy lejos de todo, ni siquiera es de fácil acceso si no vienen desde el punto que yo salí. Viene la noche y aquí de noche no voy a sobrevivir, te pido que me ayudes a arrancar la moto, que me permitas llegar hasta el poblado y allí sin más que se estropeé si ha de ser, porque allí si podemos arreglarla. Pero necesito llegar. 

Laura de nuevo intentó arrancar la moto y ésta vez lo consiguió. Logró llegar al poblado, paró la moto e intentó de nuevo arrancarla, ya no era posible. Dió las gracias por haber sido escuchada y por haber llegado hasta donde ella estaba segura.
Al rato llegó el jeep. En el viajaban dos nativos. Uno de ellos corriendo, asustado, la dijo: ¿hermana, era Ud. quien estaba con la moto parada en mitad de la selva?.
Laura me contaba su respuesta feliz, llevando sus manos de forma rápida en forma de rezo hacia su corazón mientras exclamaba: !!!sí, sí, era yo¡¡¡. Contestaba como una niña cuando recibe un caramelo. !!!Qué bien que me hayas visto¡¡¡. 
Oir aquello la hizo pensar que aunque nos sintamos solos en los momentos más complicados de la vida, no lo estamos. 

El chico prosiguió preguntando: ¿Hermana, y no ha visto lo que había a unos metros de usted?
A lo que Laura contestó.. ¿no, qué es lo que había?
El chico dijo: "UN LEÓN"
¿UN LEÓN?¡¡¡ exclamó, noo, no lo he visto y menos mal, pues de haberlo visto mis nervios no me habrían dejado arreglar la moto. De nuevo dio las gracias a DIOS ahora con más fuerza.

Laura me miró a los ojos:

En respuesta a tu pregunta

"¿Qué se puede hacer cuando uno cree no poder hacer nada?

 Cuando pienses que no puedes hacer nada
             
 "TEN FE"

Porque la FE permitirá que suceda lo que jamás tu habrías imaginado y si fluyes verás milagros.



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