"EL PUENTE DE LAURA"
II
... la conté tan sólo que llevaba unas tres semanas en el Hospital ingresada, en estado de coma y antes de seguir con la conversación, ella me preguntó mi nombre. Soy Charo y Ella dijo "SOY" Laura.
Con esa cara angelical dijo:
Charo, tu madre se quiere ir, ya está muy cansada, desde aquí no puede ayudarte y sabe perfectamente la ayuda que necesitas. Te empeñas en que se quede y ella por tí haría lo que fuera, pero ya no es momento de que siga a tu lado de ésta forma. No temas, no será un final, pero debes dejarla partir. Tu madre te quiere más que a su vida, te considera una gran persona y está muy orgullosa de TI.
En ese momento no quería separarme de Laura, en mi interior pedía que no me llegara el turno, necesitaba estar allí junto a ella, recibiendo información del Cielo. (Todos necesitamos ayuda en momentos de debilidad, por mucho que hayamos avanzado en nuestro camino, a veces los recursos se quedan escasos cuando se trata de pasar las pruebas más duras) y mi gran prueba en ese momento era dejar marchar a la persona que había hecho posible que llegara a éste mundo "mi madre".
A otras personas no les habría permitido decirme nada, pues muchos hablaban de su situación con una absoluta carencia de empatía, pero Laura la mencionaba con cuidado, mimo y con muchísimo cariño, parecía conocerla de siempre. Ella sentía como yo, que tras la muerte, aunque no la deseemos, nos espera un bello despertar y no sólo eso, estaba repitiéndome parte de la última conversación que habíamos mantenido el día antes de ser hospitalizada.
Tras dejarme muda ante la información que me estaba dando, de pronto reaccioné y la pregunté qué la había llevado a estar en urgencias esperando a ser atendida. Su cara irradiaba la PAZ y la LUZ que sólo una persona consigue cuando siente que ha sido capaz de concluir su labor en el camino del bien. Mirándome a la cara, esbozando una sonrisa de eterna felicidad dijo: "he venido a morirme", con sus manos tocaba su abdomen y me explicaba que sentía una molestia rara y que ella sabía que de allí ya no saldría. Me pidió no decirla nada a la persona que supuestamente la acompañó hasta allí y que creí ver antes de que la echaran de la sala, aunque tampoco sabía yo muy bien quien era, pues no me había fijado y no las vi en ningún momento hablar entre ellas.
Sé que mi labor ha concluído, dijo: Mi familia, siempre fue religiosa, pero yo empecé a crecer y sentía la llamada del Señor. Mi padre, pese a ser muy creyente, no quería que yo dejara mi vida por seguir éste camino, pero después de un tiempo, vieron que no había forma de convencerme y respetaron mi decisión.
Siendo adolescente me enamoré. Era el hombre más maravilloso del mundo para mi, atento, educado, caballero. La vida junto a él habría sido perfecta, pero mi mundo estaba dividido entre dos grandes amores, ambos muy distintos e incompatibles. Uno requería dedicación propia, formar una familia y vivir en armonía y por otro lado estaba DIOS.
No dejaba de pensar en ÉL y sentía la necesidad de hacer mucho por los demás. Me hubiera encantado haber encontrado la manera de poder compaginar mis dos verdaderos amores, pero no supe hacerlo y tras una retiro para valorar ambas opciones, decidí evitar herirle y le dejé libre.
En ese momento emprendí "mi camino" hacia la ayuda, una decisión dura que ha merecido la pena. Ese camino que he recorrido durante muchos años y lugares, siendo mi gran destino África donde he permanecido durante más de 30 años.
A lo largo de esos años he regresado a España en contadas ocasiones, durante periodos muy cortos, mi labor no estaba aquí.
Regresaba en breve, allí me necesitaban. Ellos se habían convertido en mi familia de amor, debía ayudarles.
Con ellos he compartido todos los años importantes de mi vida, los que han contado verdaderamente, donde he podido hacer porque mis fuerzas me acompañaban.
He de decir que Laura no hablaba de Dios como suelen hablar las personas de congregaciones religiosas. Hablaba de Dios en las cosas, en la Naturaleza, en cada uno de nosotros, en lo que nos mueve, en los que nos hace ser uno.
De ese modo es como yo siento a Dios y me da igual que otro le cambie el nombre. Para mí es el orden, la forma, el equilibrio, la perfección, la bondad, la belleza y el amor que reside en todo y que todo lo coloca para que suceda.
Un rato antes yo estaba enfadada por la gran vuelta que habíamos dado hasta llegar a dicho hospital, habiendo dejado la oportunidad de llegar a otros antes y ahora, estaba agradeciendo que aquello hubiera sucedido, pues Laura me estaba esperando.
Poco a poco me vi envuelta en una maravillosa vida, llena de experiencias.
Laura, al llegar a África, se quedó sorprendida de todas las carencias que allí existían, imaginarlo no es comparable a vivirlo. Su labor era la ayuda y al mismo tiempo poner a disposición de ellos herramientas que les facilitaran el día a día.
Hacían talleres para educar a las mujeres. Hablaba de las mujeres con el máximo respeto y sabiendo que ellas son realmente el pilar de la familia, por tanto había que hacerlas crecer culturalmente para que consiguieran un avance en su posicionamiento.
Las enseñaban a hacer de forma diferente las labores diarias. Utilizaban con ellas los recursos que llegaban como donaciones. En ese momento Laura paró. Después esbozo una sonrisa, sonrisa que hablaba de la forma que tenemos los humanos de reaccionar ante las situaciones, ya que lo hacemos desde nuestro punto de vista.
Me comentaba,... envían aceite, pero para freir qué?
Laura hablaba con amor y respeto hacia todo lo que allí existía y había vivido. Me habló del amor que sentía hacia los animales. Ella intentaba guardar de lo suyo para repartir con algún perrito que estaba cerca de las instalaciones. Decía sentirse a veces mal a la hora de darles de comer, pues los recursos eran escasos para todos, pero decía no poder mirar a un lado ante un ser con hambre y a escondidas ella les alimentaba.
Un día, una compañera salío gritando de las instalaciones porque había visto una serpiente. Uno de los chicos nativos, que ayudaban en el centro, entró y la mató. Al salir, comentó que esa serpiente no era venenosa, y Laura le preguntó ¿y por qué la has matado?. El chico respondió, que a la otra hermana le había dado miedo, a lo que contestó Laura, que le agradecía haber velado por su seguridad, pero que si algún día volvía a suceder un hecho parecido, evitara matar al animal, pues en un mundo de orden debe existir el respeto entre especies. (Aquel trozo de la historia me dejó sorprendida, soy una amante de los animales y muchas personas no entenderían que se respetase a un animal, por no saber que se encuentra en un lugar ocupado por humanos).
Un día, Laura, se sintío indispuesta y tuvo que hacer una visita al hospital de la zona. Al llegar, el médico que la atendió la dijo que no sabía lo que tenía, y que en el botiquín tan sólo quedaban tiritas, esparadrapo, alguna gasa y un par de pastillas para el dolor. Ve a casa, la dijo y si mañana te encuentras igual, regresas. A lo que ella contesto, tranquilo, te lo agradezco, seguro que se me pasará, eso espero, porque lo que hoy hay en el botiquín no me ayuda a sanar y mañana seguro que ni siquiera quedan ya pastillas.
Ella reía al contarlo, reía porque decía que Dios siempre ayuda y pese a la carencia de medicación hace milagros.
Era un regalo ver cómo Laura me contaba su vida en ese tiempo y siempre hablando desde el amor hacia todo y todos. Su vida estaba siendo un regalo para mi... y fascinada por su historia seguí escuchándola....
A otras personas no les habría permitido decirme nada, pues muchos hablaban de su situación con una absoluta carencia de empatía, pero Laura la mencionaba con cuidado, mimo y con muchísimo cariño, parecía conocerla de siempre. Ella sentía como yo, que tras la muerte, aunque no la deseemos, nos espera un bello despertar y no sólo eso, estaba repitiéndome parte de la última conversación que habíamos mantenido el día antes de ser hospitalizada.
Tras dejarme muda ante la información que me estaba dando, de pronto reaccioné y la pregunté qué la había llevado a estar en urgencias esperando a ser atendida. Su cara irradiaba la PAZ y la LUZ que sólo una persona consigue cuando siente que ha sido capaz de concluir su labor en el camino del bien. Mirándome a la cara, esbozando una sonrisa de eterna felicidad dijo: "he venido a morirme", con sus manos tocaba su abdomen y me explicaba que sentía una molestia rara y que ella sabía que de allí ya no saldría. Me pidió no decirla nada a la persona que supuestamente la acompañó hasta allí y que creí ver antes de que la echaran de la sala, aunque tampoco sabía yo muy bien quien era, pues no me había fijado y no las vi en ningún momento hablar entre ellas.
Sé que mi labor ha concluído, dijo: Mi familia, siempre fue religiosa, pero yo empecé a crecer y sentía la llamada del Señor. Mi padre, pese a ser muy creyente, no quería que yo dejara mi vida por seguir éste camino, pero después de un tiempo, vieron que no había forma de convencerme y respetaron mi decisión.
Siendo adolescente me enamoré. Era el hombre más maravilloso del mundo para mi, atento, educado, caballero. La vida junto a él habría sido perfecta, pero mi mundo estaba dividido entre dos grandes amores, ambos muy distintos e incompatibles. Uno requería dedicación propia, formar una familia y vivir en armonía y por otro lado estaba DIOS.
No dejaba de pensar en ÉL y sentía la necesidad de hacer mucho por los demás. Me hubiera encantado haber encontrado la manera de poder compaginar mis dos verdaderos amores, pero no supe hacerlo y tras una retiro para valorar ambas opciones, decidí evitar herirle y le dejé libre.
En ese momento emprendí "mi camino" hacia la ayuda, una decisión dura que ha merecido la pena. Ese camino que he recorrido durante muchos años y lugares, siendo mi gran destino África donde he permanecido durante más de 30 años.
A lo largo de esos años he regresado a España en contadas ocasiones, durante periodos muy cortos, mi labor no estaba aquí.
Regresaba en breve, allí me necesitaban. Ellos se habían convertido en mi familia de amor, debía ayudarles.
Con ellos he compartido todos los años importantes de mi vida, los que han contado verdaderamente, donde he podido hacer porque mis fuerzas me acompañaban.
Allí sentía aún más a DIOS.
De ese modo es como yo siento a Dios y me da igual que otro le cambie el nombre. Para mí es el orden, la forma, el equilibrio, la perfección, la bondad, la belleza y el amor que reside en todo y que todo lo coloca para que suceda.
Un rato antes yo estaba enfadada por la gran vuelta que habíamos dado hasta llegar a dicho hospital, habiendo dejado la oportunidad de llegar a otros antes y ahora, estaba agradeciendo que aquello hubiera sucedido, pues Laura me estaba esperando.
Poco a poco me vi envuelta en una maravillosa vida, llena de experiencias.
Laura, al llegar a África, se quedó sorprendida de todas las carencias que allí existían, imaginarlo no es comparable a vivirlo. Su labor era la ayuda y al mismo tiempo poner a disposición de ellos herramientas que les facilitaran el día a día.
Hacían talleres para educar a las mujeres. Hablaba de las mujeres con el máximo respeto y sabiendo que ellas son realmente el pilar de la familia, por tanto había que hacerlas crecer culturalmente para que consiguieran un avance en su posicionamiento.
Las enseñaban a hacer de forma diferente las labores diarias. Utilizaban con ellas los recursos que llegaban como donaciones. En ese momento Laura paró. Después esbozo una sonrisa, sonrisa que hablaba de la forma que tenemos los humanos de reaccionar ante las situaciones, ya que lo hacemos desde nuestro punto de vista.
Me comentaba,... envían aceite, pero para freir qué?
Laura hablaba con amor y respeto hacia todo lo que allí existía y había vivido. Me habló del amor que sentía hacia los animales. Ella intentaba guardar de lo suyo para repartir con algún perrito que estaba cerca de las instalaciones. Decía sentirse a veces mal a la hora de darles de comer, pues los recursos eran escasos para todos, pero decía no poder mirar a un lado ante un ser con hambre y a escondidas ella les alimentaba.
Un día, una compañera salío gritando de las instalaciones porque había visto una serpiente. Uno de los chicos nativos, que ayudaban en el centro, entró y la mató. Al salir, comentó que esa serpiente no era venenosa, y Laura le preguntó ¿y por qué la has matado?. El chico respondió, que a la otra hermana le había dado miedo, a lo que contestó Laura, que le agradecía haber velado por su seguridad, pero que si algún día volvía a suceder un hecho parecido, evitara matar al animal, pues en un mundo de orden debe existir el respeto entre especies. (Aquel trozo de la historia me dejó sorprendida, soy una amante de los animales y muchas personas no entenderían que se respetase a un animal, por no saber que se encuentra en un lugar ocupado por humanos).
Un día, Laura, se sintío indispuesta y tuvo que hacer una visita al hospital de la zona. Al llegar, el médico que la atendió la dijo que no sabía lo que tenía, y que en el botiquín tan sólo quedaban tiritas, esparadrapo, alguna gasa y un par de pastillas para el dolor. Ve a casa, la dijo y si mañana te encuentras igual, regresas. A lo que ella contesto, tranquilo, te lo agradezco, seguro que se me pasará, eso espero, porque lo que hoy hay en el botiquín no me ayuda a sanar y mañana seguro que ni siquiera quedan ya pastillas.
Ella reía al contarlo, reía porque decía que Dios siempre ayuda y pese a la carencia de medicación hace milagros.
Era un regalo ver cómo Laura me contaba su vida en ese tiempo y siempre hablando desde el amor hacia todo y todos. Su vida estaba siendo un regalo para mi... y fascinada por su historia seguí escuchándola....

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